Yo me pregunto si los que piden la salida de Carlos Alvarado están conscientes que quien quedaría de presidenta sería Epsy Cambell, pues es la primera vicepresidenta, y dudo mucho que la oposición y los sindicatos que tanto la han criticado vaya a preferirla. Es más, en dado caso que lo que quieran es que sea todo el gabinete el que se vaya, el futuro presidente sería Carlos Ricardo Benavides, presidente de la Asamblea Legislativa, si, ese mismo que los sindicatos también han criticado constantemente por su deficiente gestión parlamentaria.

Ahora bien, digamos que la movilización es para quitar todo el estado de derecho costarricense, cosa que lo dudo, pues no se deslumbra ningún líder de parte de ellos para que asuma el control del país, a no ser que su propuesta sea poner Albino. Pero en este caso deberían ser conscientes que una decisión de esta envergadura llevaría a la comunidad internacional a prácticamente quebrar nuestra economía.

Quien me conoce sabe que he sido un defensor de los movimientos sociales, estuve en las calles en el combo del ICE y luché contra el TLC, pero si algo he aprendido es que toda lucha en las calles debe tener una queja social y una propuesta política y en este caso lo que están haciendo carece de toda propuesta. Al menos en Venezuela y Nicaragua la oposición pide adelantar las elecciones, pero acá ni eso proponen.

Los intereses de esta revuelta vienen de otro lado y corresponde más a teorías neopentecostales; lo más lamentable es que están usando a una parte del pueblo y a los estudiantes como carne de cañón para sus intereses y lograr su cometido de generar el caos.

El deber de la mayoría de costarricenses es llamar al sentido común, a la paz y al respeto por el estado de derecho. Es nuestra obligación seguir informando a la población para que estos grupos desestabilizadores vayan perdiendo apoyo poco a poco y el país pueda volver a la normalidad.

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