Hay una historia de un niño que le pregunta a su padre sobre qué pasaría si matan a todos los ladrones, el niño se cuestiona si acaso quedarían solo los buenos. Su sabio padre le responde que no, que solo querían asesinos…

Algunas veces en la vida llegamos a pensar en lo malas que son otras personas con otros e incluso con nosotros, vemos sus acciones y llegamos hasta odiarlos y en el peor escenario, llegamos a querer que mueran; y esto viene dando vueltas en mi cabeza hace muchos días.

Yo soy de la idea que los seres humanos no nacen malos o buenos, de hecho los primeros años de vida ni tenemos ni uso de razón, por eso creo que nacemos como animales y con el tiempo desarrollamos nuestra inteligencia, tomamos decisiones y nos hacemos buenos o malos. Incluso podemos aprender a amar o a odiar, decía Nelson Mandela que “la gente aprende a odiar y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, (de hecho) el amor llega más naturalmente al corazón humano, que su contrario”. Por eso creo que la vida es un aprendizaje, de ahí que hoy quiero hablarles sobre la maldad y sobre qué debemos hacer con ella.

Para empezar, ninguna persona es quien para decidir sobre otra, cada quien es dueño de sus propias decisiones y responsable de sus consecuencias, yo no tengo ninguna potestad sobre qué deben hacer otros, de hecho tengo una premisa de vida que dice: “mis derechos terminan, donde empiezan los derechos de los demás”; paralelamente a ello, yo soy yo decido que tipo de personas me van a rodear, soy yo el que decido en que sociedad vivir, con quien compartir mi vida, donde trabajar y todo lo relacionado con mi vida, por eso si alguien me hace daño es porque yo se lo permito.

Ahora bien, me van a decir que es muy fácil pensar eso cuando se vive en un país democrático, de paz y libertad y efectivamente es fácil y esto me lleva a hablar sobre qué pasa con las personas que se les privan sus derechos más básicos, será que ellos si tienen derecho a odiar o llegar a desearle mal a quienes los obligan a vivir en condiciones inhumanas.

La respuesta también es NO; creo que el ser humano es capaz de alzar la voz en cualquier circunstancia en la que se encuentre, pero sobre todo es deber de los demás, alzar la voz por todas las personas a las que se le privan de sus derechos humanos; es nuestro deber alzar la voz, por todos esos que no pueden hacerlo y por los que callan por miedo.

Pero hay que hacerlo de manera pacífica, buscando el dialogo, los acuerdos, de hecho hay muchos organismos de ayuda internacional en los que uno puede trabajar de manera voluntaria, en contra de cualquier injusticia que se cometa en el mundo.

La guerra, las agresiones y la violencia solo generan más violencia y más sufrimiento, datos de naciones unidas revelan que en todas las guerras que han habido luego de la Segunda Guerra Mundial, el 90% de muertes se han producido en la población civil; además, de que en el mundo no existe ningún caso, donde el asesinato o condena a muerte de una persona no haya generado sufrimiento y tristeza en otros.

En fin, donde quiero llegar con todo esto, es que aunque no somos buenos por nacimiento, debemos ser buenos por elección y es nuestro deber seguir siendo buenos siempre, lo que implica, luchar en contra de la guerra y en contra de cualquier injusticia que se cometa en el mundo, pero también ser consecuente en no desearle el mal a otras personas aunque lo hayan sido con uno. Solo pensando con Amor, podemos vivir en un mundo más bueno y más feliz para todos

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